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WELLER SILVANA: PREVENCIÓN DE VIH/SIDA Y ANTICONCEPCIÓN: UNA RELACIÓN POCO EXPLORADA EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES[1]

 

El problema

La consulta ginecológica o consulta con el equipo de salud reproductiva es un espacio privilegiado para fortalecer la puesta en vigencia de algunos derechos reproductivos básicos: derecho a reproducirse , libertad de decidir cuándo y cuántas veces hacerlo y derecho a una vida sexual libre de Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) (CIPD,1994). Sin embargo en la práctica es frecuente que el ginecólogo y/o equipo actúen –a veces de modo irreflexivo-  como un espacio de “distribución de derechos”, al apoyar el cumplimiento de unos derechos y omitir – o negar – prácticas que pudieran garantizar otros. Para el caso de la  prevención de embarazos no deseados / prevención de VIH/sida, es posible esquematizar la situación del siguiente modo:

a las mujeres presumiblemente no infectadas que concurren a buscar asesoramiento anticonceptivo, se les responde la demanda de modo puntual, no alertándolas adecuadamente sobre los riesgos del VIH/sida, o se restringe el énfasis del mismo cuando la consultante es adolescente, omitiendo la recomendación cuando se trata de mujeres casadas o convivientes.

a las mujeres que viven con VIH (o cuyas parejas viven con VIH)  se las atiende desde la consigna normativa de “usar preservativo siempre” y de “evitar un embarazo”.  Esto produce dos efectos adversos : 1)  a la mujer o pareja  que tiene deseos de tener un hijo, esta actitud las dejas solas en su decisión, escatimándosele de ese modo la posibilidad de tomar una decisión informada , en un marco de contención institucional; 2) deja sin recursos a la mujer o pareja que queriendo controlar su natalidad, no puede o no quiere utilizar preservativo. En este último caso además el equipo no estaría actuando enérgicamente en materia de prevención de la transmisión vertical del VIH/sida, al negar el derecho a la anticoncepción a personas que viven con VIH y que no quieren un embarazo que puede significar un niño con VIH.

Si bien una importante proporción de los profesionales y agentes de salud que trabajamos en hospitales y centros de salud enfrentamos estos dilemas de modo cotidiano (¿Entregar pastillas o preservativos ?, ¿Qué hacer con el deseo comprensible de la mujer o pareja que aún viviendo con VIH quiere tener hijos ? ) no existen planteos institucionales del debate que permitan : 1) Darle visibilidad a la problemática ;2) Generar acuerdos que orienten la tarea ; 3) Implementar una política de doble protección (prevención de embarazos no deseados y prevención de ETS/sida), como la que ya se viene impulsando  hace tiempo en otros países.

 

Magnitud del problema

Es conveniente recordar que cuando se habla del estado actual de la epidemia del sida, es preciso  considerar la epidemia de las personas que han desarrollado la enfermedad y la epidemia de las personas que viven con VIH. Conviene recalcar una vez más, que muchas personas viven con VIH y no lo saben.

La epidemia de las personas enfermas de sida

En la Argentina se habían reportado para septiembre del 2000 (MS, 2000) 17615 personas enfermas de sida, de los cuales 3179  eran  mujeres.  El 67,7% de los casos de sida se habían reportado desde la región metropolitana de Buenos Aires (31.9% desde Ciudad de Buenos Aires y 35.8% desde los Partidos del Conurbano Bonaerense).

El 22.7% de las personas han contraído del VIH por relaciones heterosexuales sin protección; esta vía es la que ha experimentado mayor velocidad de crecimiento en los últimos años. Al igual que en otros países (Izazola Licea, 1996) las mujeres ( en especial las más pobres) se han convertido en un grupo de alta vulnerabilidad en la década del ’90 (Bloch, 1999). Si para 1988 la relación hombre/mujer era de 14.5, para 1999 la misma había  descendido a 3 (MS, 2000). En relación a la edad de las personas con  sida existe una diferencia marcada entre ambos sexos. En los hombres, la media de edad era de 31 años mientras que en las mujeres era de  24 años. El 48% de las mujeres enfermas de SIDA tenían entre 15 y 29 años, es decir mujeres en edad reproductiva La vía de transmisión más frecuente para las mujeres eran las relaciones sexuales sin protección(47%);en segundo lugar, la vía sanguínea ( 33% ) en su mayor parte mujeres usuarias de droga por vía intravenosa que compartieron material de inyección.. El Área Metropolitana ( Capital y Gran Buenos Aires) acumulaba  el 77% de los casos femeninos del país.

El total de niños enfermos (menores de trece años)  eran 1255 y representaban el 7.1% del total de los enfermos, uno de las más altos de América. El 80% de estos niños vivían en la región metropolitana. El 96% del total de los niños enfermos ha adquirido la infección por transmisión vertical. Un estudio realizado a fin de conocer el perfil social de las madres de  chicos infectados (Somoza et. al, 1998) permitió afirmar que el 67% de las mismas concluyó como mucho la escolaridad primaria, sólo el 15,9% tenía ocupación ; y sólo el 11% tenía cobertura social. Es decir que estamos hablando fundamentalmente de mujeres pobres.

Datos sobre la epidemia de las personas infectadas por el virus del VIH en la Ciudad de Buenos Aires

Se estima que en la Ciudad de Buenos Aires hay entre 39.000 y 48.750 personas viviendo con VIH (Datos de la D.G.A.S.y A. - GCBA). La principal herramienta que se utiliza para estudiar la prevalencia  de infección por VIH son los llamados sitios centinela[2]. Uno de los grupos sobre los que se hace seguimiento es el de las Mujeres Embarazadas, ya que “constituyen una buena representación de la población sexualmente activa con una vulnerabilidad similar a la población general”(MS, 2000: 18). En el año 2000 los datos provenientes de la seroprevalencia en mujeres embarazadas de la Ciudad de Buenos Aires fue de 1.6% . Estos datos deben ser tomados con cuidado ya que una característica de los sitios centinelas es que no son muestras aleatorias y por lo tanto sus resultados no son extrapolables al total de la población de la Ciudad. 

 

Es preciso modificar prácticas habituales

El panorama que hemos planteado exige revisar por lo menos tres prácticas habituales en materia de salud reproductiva (el suministro de anticonceptivos, el control del embarazo, la lactancia materna)  a fin de prevenir la transmisión del virus por relaciones sexuales no protegidas así como la prevención por transmisión vertical.

Sobre el uso de anticonceptivos: es preciso explicitar en el marco de la consulta por anticoncepción

(en personas presumiblemente no infectadas) la existencia del sida, en consecuencia debe alertarse

sobre la insuficiencia de los métodos anticonceptivos de mayor aceptación (hormonales, DIU) para actuar como barreras eficaces para detener las ETS/sida. Es preciso promocionar el uso del preservativo como segundo método o como método único, así como, en un estilo respetuoso, alentar al diálogo del/la consultante con su/s pareja/s sobre la problemática, estimulando la realización del análisis de VIH.

En el caso de mujeres o parejas infectadas por el VIH, es preciso brindar un modelo jerárquico (Gollub, 1996; Forbes, 1995) de cuidados anticonceptivos, que no tenga al preservativo como única opción. Se entiende por modelo jerárquico un abanico de posibilidades que va desde la máxima protección (usar preservativo siempre) a grados menores de protección contra las ETS/sida pero que garantizan la anticoncepción. Esta situación deberá ser considerada atendiendo a cada caso en particular.

Sobre el control del embarazo: es imprescindible ofrecer la realización voluntaria del análisis del VIH

para la mujer embarazada y su pareja. Es preciso tener presente que la mujer puede no estar infectada, pero sí puede estarlo su pareja, y en consecuencia es preciso evitar una infección de la mujer durante el embarazo.

Sobre la lactancia: en el caso de las mujeres infectadas por VIH es preciso brindar la alternativa de

la leche de fórmula modificada  para evitar una infección del bebé por lactancia materna.

 

Prevenir el sida en mujeres (supuestamente no infectadas) que demandan anticoncepción

Estudios sociales que enfocan el problema de los cuidados preventivos en las relaciones sexuales,  ya sea desde los modelos de comportamientos - actitudes y prácticas, de  representaciones sociales y/o  de imágenes de género, coinciden en señalar a las mujeres jóvenes y pobres (con menor escolaridad alcanzada) como las más desprotegidas ante un embarazo no deseado y una infección por VIH/sida (Pantelides et.al. 1992,1995; Gogna et.al.,1998; Weller, 2000). Un estudio realizado en un Centro de Salud de la Ciudad de Buenos Aires permite confirmar este estado de cosas (Weller, et. al, 2000).  Se analizó el uso del preservativo previo a la llegada al Centro, de una población de 1000 mujeres que consultaron el Programa Procreación Responsable del Centro de Salud Nº2 entre los años  1990 y  1999[3]. La principal variable que se usó para comparar a la población fue la variable “escolaridad alcanzada”, que es un indicador de la situación económico- social de las personas. La variable  “escolaridad alcanzada” se agrupó en dos categorías: escolaridad baja ( hasta secundaria incompleta incluida) y escolaridad alta (secundaria completa y superior).

El estudio muestra[4] que el preservativo fue utilizado como primer método por el 31% de las mujeres de escolaridad alta y por el 22% de mujeres con escolaridad baja; es el primer método utilizado por las mujeres de escolaridad alta que comienzan a cuidarse antes de una gesta; es marcado como primer método por las más jóvenes; es más utilizado por lo menos una vez por las mujeres de escolaridad alta; es el único método que sufrió modificaciones con el paso del tiempo; si en los años 90-93 había sido usado por lo menos una vez por el 57% de las mujeres, en los años 98-99 referían haberlo usado por lo menos una vez el 70%. Es decir que las mujeres que llegan a pedir un método anticonceptivo ya han tomando algún tipo de recaudos, pero las más pobres están tomando menos. Es preciso actuar para fortalecer a todas las mujeres que efectivamente han percibido algún riesgo – por ello se han intentando proteger- y en especial a las mujeres con menos recursos (que no están logrando hacerlo en la misma proporción que las que tienen más recursos).

Desde el espacio de Procreación Responsable (o de la consulta por anticoncepción) es posible:

Trabajar sobre las representaciones , preconceptos de los miembros del equipo de salud, en relación a quién puede y quién no puede infectarse con el VIH (Etchegoyen et.al, 1996; Grimberg et.al., 1997; Biagini, 2000)

Trabajar con la población demandante la noción de “pareja estable”: ¿cuándo la “pareja estable” es protección contra el sida? (solamente cuando son dos personas que tienen un resultado negativo ante el VIH, que no se exponen ante otros riesgos – uso compartido de jeringas- y que en el caso de mantener relaciones sexuales con otras personas usan preservativo siempre).

En los momentos de conversación con los usuarios (Consulta por anticoncepción, Grupos de Información, Charlas en sala de espera, etc.) es posible  combinar la información sobre anticoncepción con la información sobre sida. No es necesario “hacer una charla sobre sida”.  Se puede empezar hablando del cambio en la anticoncepción a partir de la existencia del sida.  Cuando se habla del preservativo, se puede enfatizar su doble uso, alertando sobre que los otros métodos no garantizan la doble protección.

Nunca dar por sentado que la gente conoce el uso del preservativo. Si hay ocasión, siempre trabajar la noción de seguridad del mismo en la medida que es bien utilizado. Es bien recibido por la población una demostración sobre el uso correcto del preservativo.

Es recomendable ir más allá de la indicación del uso del preservativo, e  incorporar la noción de conflicto con la pareja alrededor del uso del preservativo, alertar sobre la necesidad de negociar, y brindar argumentos y pautas. En el caso de espacios grupales, en general esto se ve facilitado por la experiencia de alguna mujer que transitó la negociación, y brinda argumentos  a las demás.

Promover el análisis del VIH, incluso como alternativa al uso del preservativo dentro de la “pareja estable”, enfatizando la fidelidad posterior de ambos miembros de la pareja, y el uso del preservativo en el caso de relaciones sexuales de algún integrante de la pareja con otra/s personas. Alertar sobre el riesgo del uso compartido de jeringas como puerta de entrada del virus a la pareja. 

Ser flexible respecto de la elección del método. Es imposible imponer el uso del preservativo. Un modo de dejar planteada la necesidad de la “doble protección” es entregar – junto con el método anticonceptivo elegido por la persona- preservativos para todas las personas, junto con material educativo (folletería) sobre prevención de sida y uso correcto del preservativo.

 

Cuidados en las mujeres que viven con VIH, o que tienen parejas que viven con VIH

            Sin duda la primer recomendación para una persona que vive con VIH, es la de utilizar el preservativo siempre en sus relaciones sexuales, tengan lugar con personas infectadas o no. El uso del preservativo no sólo evita la transmisión del virus, sino que previene a la persona infectada  de nuevas reinfecciones.

Pero sabemos que la realidad es mucho más compleja. En la práctica ocurre que hay personas que viven con VIH  que quieren tener hijos y hay personas que no quieren tener hijos pero no pueden usar el preservativo, o su pareja no acuerda con el uso del mismo. El hecho que una persona viva con VIH no la vuelve usuaria espontánea del preservativo, en la medida que comparte gran parte de las dificultades que tienen las personas no infectadas para utilizarlo.

            En relación a las personas que quieren tener hijos, es fundamental que puedan contar con un asesoramiento adecuado que les permita tomar una decisión con la mayor información posible para evitar la transmisión del virus al futuro bebé. Si el profesional que recibe esta demanda no se siente en condiciones de brindar este asesoramiento, sería aconsejable que realizara una derivación a un servicio especializado dentro del sistema de salud . En relación a las personas que no quieren tener hijos, es preciso brindarles una gama de posibilidades en materia de anticoncepción que será ajustado a cada situación en particular. El uso de hormonales estará aconsejado o no, en base a que la persona esté tomando o no otra medicación, y en función de cuál sea esa medicación. En relación a la opción  del DIU, si bien su uso está generalmente desaconsejado en personas con ETS, hay estudios concluidos y en  marcha que se encuentran replanteando esta incompatibilidad (Barnett, 1996; Best, 2000).

            Se ha intentado brindar información y argumentos a fin de superar una visión inmediata en relación al problema que nos ocupa. Como ya fue analizado por los organismos internacionales desde los  comienzos de la epidemia (Tomasevski, 1991), garantizar los derechos individuales de las personas (a tener una vida libre de ETS en el caso de las personas no infectadas, a procrear en las mejores condiciones y a regular el número de hijos en las personas que viven con VIH) son prácticas que van en la misma dirección de detener la epidemia del sida. No hay contradicción entre el bienestar individual y el bienestar comunitario. Posiblemente los obstáculos para llevar adelante estás prácticas que aquí se han propuesto radiquen en nuestras dificultades para asimilar en toda la magnitud el desafío que significa detener la epidemia del sida. La existencia del sida significa un cambio. Para detener la epidemia, nosotros también tenemos que cambiar.  

 

Referencias Bibliográficas

Barnett, B., 1996 Precauciones clave para los DIU incluyen selección de clientas e inserciones Network en español: Invierno 1996, Vol. 16, No. 2

Best, K., 2000 No se recomienda el DIU si hay riesgo de contraer ETS. Sin embargo la investigación reciente demuestra que algunas mujeres en riesgo de infección pueden usarlo. Network en español: Vol.,20. No. 1.

Biagini, G. 2000 El hospital público y la significación social del VIH/sida En: Cuadernos Médico Sociales Nº 78: 55-71. Rosario, CESS

Bloch, C. 1999 Sida: una nueva enfermedad de la pobreza En: Cahn, P., Bloch, C., Weller, S. : Cahn, P., Bloch, C., Weller, S. El sida en la Argentina-Epidemiología, Subjetividad y Etica Social. Buenos Aires, Arkhetypo.

CIPD, 1994 Conferencia Internacional de Población y Desarrollo. “Relatorio de CIPD”. Comisión Nacional de Población y Desarrollo y Fondo de Población de las Naciones Unidas, Cairo, 5 al 13 de setiembre.

Etchegoyen,G.,Asconiga,M., Legarralde,M., Gonzalez Ayala, S., Candreva, A. 1996 Incidencia de la información en los modos de comportamiento del equipo de salud frente al SIDA  Segundo Taller de Investigaciones Sociales en Salud Reproductiva y Sexualidad pp187-192 Buenos Aires. CENEP/OMS – CEDES – AEPA

Forbes, A., 1995 When womens can’t use condoms: women-controlled prevention options VIH Infect Women Conference, 1995, Feb 22-24; P 92

Gogna, M., Ramos,S. y Romero, M., 1998 La salud reproductiva en la Argentina: Dimensiones epidemiológicas y sociodemográficas. Nuestros Cuerpos, Nuestras Vidas: Propuesta para la promoción de los derechos sexuales y reproductivos. Foro por los Derechos Reproductivos, Buenos Aires.

Gollub, E.L., French, P., Latka, M., Johns, L., Blum, L., O’Donnel, J., Stein, Z. 1996 The womens’s safer sex hierarchy: initial responses to counselling on women’s methods of STD/VIH prevention at an STD clinic. Int. Conf. AIDS, 1996 Jul 7-12, 11:1,52 (abstract no. Mo. D. 583)

Grimberg, M., Margulies, S. y Wallace, S. 1997 Construcción social y hegemonía: representaciones médicas sobre sida. Un abordaje antropológico. En : A. Kornblit (org)SIDA y Sociedad Buenos Aires, Espacio Editorial

Izazola Liceo, J. 1996 Sida: estado actual del conocimiento. México, Noriega Editores.

Ministerio de Salud, 2000 Boletín sobre el sida en la Argentina Año VII. No. 19. Buenos Aires, Argentina.

Pantelides, A.E. y Cerruti, M.S., 1992, Conducta Reproductiva y Embarazo en la Adolescencia, Cuadernos del CENEP 4, CENEP, Buenos Aires.

Pantelides, A.E.; Geldstein, G.N. e Infesta Domínguez, G., 1995, Imágenes de género y conducta reproductiva en la adolescencia, Cuadernos del CENEP 51, CENEP, Buenos Aires.

Somoza, S., Bloch, C., Kaufman, R., Silva Nieto, F., 1998 Situación Epidemiológica de la Transmisión Vertical en la Argentina Revista Argentina de sida Año1 No.1 pp: 3.6.Sociedad Argentina de SIDA

Tomasevski, K., 1991 El sida y los derechos humanos. En: Aportes de la Etica y el Derecho al estudio del sida pp 215- 222. Washington: OPS.

Weller, S. 2000 Salud Reproductiva de los/as adolescentes. Argentina, 1990-1998. En Cultura, Adolescencia, Saúde: Argentina, Brasil, México. Maria Coleta Oliveira (org.) – Campinas: Consorcio de Programas em Saúde Reprodutiva e Sexualidade na América Latina (CEDES/COLMEX/NEPO – UNICAMP)

Weller, S., Esperón, A., Zabala, M., Gomez, L., Argiz, L., 2000 Diez años de Procreación Responsable. ¿Qué aprendimos? ¿Qué podemos hacer? Centro de Salud Nº 2- Area Programática Hospital Pirovano- GCBA. Mimeo 20 páginas.

 

 


[1] Este artículo fue publicado en Infosida N°1. Dirección General de SIDA. GCBA-2001.

[2] Establecimientos donde se selecciona una población determinada y se toma una muestra de la misma y se la estudia a través del tiempo para medir la tendencia de la infección.

[3] Desde el comienzo de la implementación del Programa en el Centro se utiliza un cuestionario que es completado por los usuarios (la mayoría mujeres) una vez finalizado el Grupo de Información . Algunas preguntas se refieren a la experiencia previa que tienen las personas en relación al uso de métodos (primer método, momento de uso, métodos usados por lo menos una vez, etc.)

[4] En todos los casos que se mencionan discrepancias en los porcentajes de los grupos, se trata de diferencias significativas desde el punto de vista estadístico.

Batalla et al. ] Burgos ] Cantavella ] Frieder ] González ] Hirsch ] Kornblit et al. ] López ] Martínez ] Minyersky ] Olivera ] Sánchez ] Sánchez ] Vidal ] Weller ] [ Weller ] Weller-Orellana ] Williams ]

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Última modificación: Lunes, 21 de Junio de 2004