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SÁNCHEZ, MARÍA DEL CARMEN: ESTRATEGIAS DE VIDA E IMÁGENES DE BUENOS AIRES EN EL ACIAGO 2002[1]

Toti

Francisca

Marta

 

Toti

La Villa 15, mal llamada Ciudad Oculta porque sus habitantes se niegan a vivir en condición de exiliados y segregados, es uno de los tantos barrios carenciados de Buenos Aires. Ha querido ser erradicada a otros confines mas alejados del "escaparate" de la gran "city" porteña desde hace varias décadas tanto por gobiernos militares como civiles.

Conquistado por la lucha de los vecinos el derecho a radicarse en esas tierras, parte de la barriada continúa aún tras vergonzosos muros levantados para "ocultar" la miseria y segregar a quienes allí viven... como si escondiendo esa realidad desapareciera la pobreza.

Como producto de la hiperinflación en los años 1989 a 1991, se generaron incontables comedores comunitarios que dan de comer prioritariamente a niños y ancianos. Algunos pocos de ellos se han sostenido con subsidios del Estado, otros por la ayuda de Iglesias y muchos por la solidaridad de los propios vecinos o fundaciones.

Con la actual crisis económica, el aumento de la desocupación, el crecimiento de la pobreza y el menguante aporte del Estado, estos comedores son insuficientes para cubrir las deficiencias alimentarias de vastos sectores de población.

"La Toti" -como la llaman sus vecinos- vive en Mataderos, justo enfrente a esta Villa. Es una mujer de edad indefinible, jubilada y vive con su hermana, obrera gastronómica, y su madre que ya pasó largamente los 80 años en una vivienda propia, de material (ladrillo y revoque) pero muy modesta.

Hace tres meses, luego de ver las penurias de muchos niños y sus madres para lograr comer una vez en el día durante los fines de semana -los comedores funcionan de lunes a viernes-, decidió destinar una habitación de su casa para recibir 35 niños y algunas de sus mamás los sábados y domingos al mediodía.

Su hermana logró que el dueño de la fábrica de pastas donde trabaja le done tallarines. Con los pesos que aporta Toti y su madre, más la ayuda de algunos vecinos, pueden cocinar un estofado o darles fruta alguna vez.

Durante estos meses Toti recorrió oficinas de funcionarios del Gobierno de la Ciudad; distintas Secretarías relacionadas con la promoción social, planes maternoinfantiles o de ayuda alimentaria, solicitando un subsidio para poder sostener el comedor.

Hacia fines de marzo ya concurren al comedor de "la Toti" 56 niños y algunas madres y no ha obtenido respuesta desde el Estado.

 

Francisca

Al taller de prevención del VIH/sida concurrieron ese sábado de enero, catorce mujeres vecinas de la Villa 31 de Retiro, otro de los barrios carenciados de la gran ciudad.

Además de la información, el programa de trabajo desarrolla el tema de las distintas vulnerabilidades culturales, biológicas o sociales relacionadas con la infección por VIH como el hecho de ser mujer, el hacer uso de drogas por vía intravenosa, sostener relaciones sexuales desprotegidas, sufrir la violencia en la pareja, etc.

Como suele suceder, al comienzo es difícil que las participantes pregunten, opinen o hablen de sus problemas. Con algunas técnicas grupales o juegos que "rompen el hielo" se alcanza -no siempre- un clima de mayor confianza y se puede trabajar con el "material" que cada una aporta. Ese día se logró ese ambiente de particular intimidad.

Francisca, una de las participantes, de 40 años que parecen muchos más, contó que tiene cuatro hijos y que su marido hacía ya tiempo que no tenía trabajo.

Está casi todo el día borracho o no duerme en la casa. Para mi no es un problema cuidarme con preservativo porque ya no tenemos relaciones sexuales.

Por el contrario, a Francisca le preocupaba la forma en que lograba poner un plato de comida en la mesa familiar. Cuando ya no consiguió más trabajo haciendo limpieza en alguna casa de familia, accedió a "pasar" (vender) en el barrio un cigarrillo de marihuana por día.

Me dan $1 (un peso) y con eso compro polenta o fideos, pero pienso que mi hijo mayor ya se junta con chicos que se drogan y no se... me siento mal.

 

Marta

Marta es una mujer joven, de aproximadamente 30 años, con nivel de instrucción medio y muy agradable en su trato. Ella y su pequeña hija tienen sida. Por esta situación accedieron a tener una pensión mínima y cobertura médica gratuita.

A partir de diciembre de 2001, el Programa de Salud que la provee de medicamentos comenzó a tener graves problemas financieros y la entrega se hizo tan errática como los vaivenes económicos del país.

Marta, con experiencia en andar corriendo "atrás de los antirretrovirales" pudo conseguirlos hasta febrero porque le dedicó largas horas a hacer trámites y trajinar oficinas con el tiempo previo suficiente para no quedarse sin medicación. Sin embargo, la situación se agravó y en marzo solo le entregaron dosis para adultos.

Durante la última semana Marta fracciona los comprimidos para dárselos a su niña.

¿Y tú tomas la medicación?

No, así tengo suficiente para ella por si todo esto tarda en solucionarse


[1] Artículo publicado por la Red Cubana de Género y Salud Colectiva, coordinada por Leticia Artiles, en la Revista SaluCo, Boletín Nº 2, Cuba, la segunda quincena de marzo de 2002.

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Última modificación: Lunes, 21 de Junio de 2004