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BURGOS, MARIO: ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DE LA CONSTRUCCION. INSTITUCIONAL DEL SIDA EN LA ARGENTINA

Mario Burgos

Psicólogo ATAMDOS en la Unidad Sanitaria Nº6, Las Catonas, Moreno, Prov. de Bs. As.

Presidente y Director del Area de Diagnóstico Social de Fundación R.E.D., Recursos- Estudios- Desarrollos, organización no gubernamental que desde 1989 realiza actividades comunitarias y científicas de prevención, orientación y asistencia en vih- sida.

Ha publicado, entre otros: "Método Urgencia SIDA: Primer Manual de Pevención" (Colihue, 1994)

 

-LA ENFERMEDAD MEDIATICA.

El SIDA es el paradigma de la enfermedad mediática

Se trata de la primera pandemia que la humanidad conoció por los medios de comunicación mucho tiempo antes de tener oportunidad de convivir con sus consecuencias: personas infectadas, posibilidades de transmisión, necesidad de cuidados, etc.

Basta con recordar que tres años antes de conocerse el agente de la infeccion- el virus VIH- la enfermedad ya tenía un nombre "científico": GRID (Gay Relation Inmunodeficience). En el camino, los medios de comunicación ponen el acento en uno de los síntomas que presentaran los primeros infectados: las manchas rosadas que suele presentar el sacoma de Kapozzi. La denominación "peste rosa" recorre el mundo convocando significaciones equívocas para la nueva enfermedad.

Dos años después se produce el cambio de denominación (AIDS). El cambio no obedece a un nuevo descubrimiento médico o bioquímico sino a un reclamo político: la comunidad homosexual y los grupos más democráticos de EEUU despliegan la presión suficiente como para imponer una denominación quie abarque a todas las personas en lugar de culpabilizar sólo a algunos grupos.

Pero ya el mal estaba hecho. Se instaló en la comunidad internacional mucho más que una enfermedad: se produjo un dispositivo epistemológico, ético y social capaz de condicionar cualquier conducta individual, grupal o institucional frente al sexo, la transgresión, la vida, la solidaridad o la muerte.

Los organismos internacionales de la salud no puedieron menos que percibir este fenómeno, pero lo circunscribieron al SIDA, denominándolo "3a. epidemia", esto es las consecuencias de discriminación y marginación que se desplegaron con el desarrollo mundila del SIDA.

Pero era más que eso.

El último bastión de la marea de los sesenta, la llamada revolución sexual, había encontrado al fin una barrera a su expansión: el SIDA vino a sustituir al castigo divino, el médico ocupo el lugar del cura, la infectología el lugar de la religión: el sexo libre dejó de ser pecado para constituirse en conducta antisocial, el Estado se introdujo el espacio más íntimo del invividuo en nombre de la salud pública.

Sin ignorar la necesidad de dar cuenta de la constitución del SIDA como mecanismo de control social, en los párrafos siguientes nos proponemos analizar la evolución de la constucción institucional del SIDA en la Argentina y algunas consecuencias de esta evolución para las personas que viven con vih- sida.

 

-PERSONAS VIVIENDO CON VIH-SIDA EN ARGENTINA- DESIGUALDAD FRENTE AL DERECHO

Toda enfermedad es una construcción institucional y social.

En las sociedades modernas, en las que la salud conforma un espacio institucional específico, es desde este espacio sanitario, en conjunción con el jurídico y los medios de comunicación, desde donde se moldea la imagen que cada comunidad tendrá frente a una enfermedad, y a la que no serán ajenos los miedos y prejuicios que dicha comunidad arrastra.

Desde que se conocieron los primeros casos de personas viviendo con VIH en Argentina, el abordaje sanitario e institucional siguió, con respecto al SIDA, cuatro caminos convergentes:

bullet-La metáfora bélica: se definió a la enfermedad como un enemigo autónomo, que debía ser combatido por todos los medios. en ningún momento se tuvo en cuenta que el VIH no existe en la naturaleza de por sí, sino que circula en la comunidad dentro de las personas en que se ha alojado. Las personas que viven con VIH fueron convertidas, por esta vía, en un peligro social.
bullet-Enfoque normativo: se presenta al SIDA como consecuencia lógica de formas de apareamiento, elección sexual y de obtención de placer diferentes al modelo de vida y familia que se promueve desde lo institucional. El SIDA resultaría el castigo o la consecuencia de una "mala conducta". La prevención idónea para cada forma de vida es suplantada por la promoción de la uniformidad sexual y cultural.
bullet-Enfoque epidemiológico clásico: se presenta a la epidemia en término de virus y defensas, equiparándola a las enfermedades infectocontagiosas. No se toma en cuenta que la transmisión del vih se produce por conductas y modos de vida antes que por la capacidad de ataque del VIH. La infectología sustituye a la interdisciplina sanitaria, el mensaje preventivo separa a las personas en lugar de unir a afectados y no afectados en la promoción nuevas formas de vida y convivencia.

Un subproducto de este abordaje fue el analizar la evolución de la enfermedad sólo según la capacidad del VIH, sin considerar los aspectos humanos, sociales y psicológicos que intervienen en la resistencia de las personas que viven con VIH al avance de la patología. De este modo, la persona que vive con VIH fue presentada como un seguro condenado a muerte y tratado con una desidia equivalente.

bulletEnfoque paternalista: los prejuicios, y el contagio mismo, obedecerían a la ignorancia de la población, a la que hay que informar, "orientar", u obligar a cambiar. La información indiscriminada y los mensajes de terror sustituyeron a la promoción de conductas preventivas.

A pesar que los organismos internacionales ya habían alertado sobre lo que dieron en llamar la 3a. epidemia - las consecuencias sociales de discriminación y aislamiento que se encadenaban con la evolución biológica- la respuesta institucional, inspirada por estos cuatro enfoques, no sólo resultó ineficaz para neutralizar la 3a. epidemia sino que sentó las bases para su instalación y desarrollo en la Argentina.

Esto no significa que en las campañas sobre SIDA , en la asistencia en salud, en el ámbito jurídico y en los medios de comunicación se haya programado la culpabilización, discriminación y aislamiento de las personas que viven con VIH. Estos enfoques, ya presentes en las diversas prácticas sanitarias, se desplegaron de manera espontánea, alentados por los prejuicios sociales que se disparaban frente a la nueva enfermedad.

Tampoco fue ajeno a este proceso el sedimento de exclusión, regimentación social, dispersión de lazos de solidaridad y cotidianeidad de la muerte, que caracterizara al período institucional previo a la aparición del SIDA en Argentina: la dictadura autodenominada Proceso de Reorganización Nacional. La cultura del temor, la sospecha y el rechazo ya había configurado el espacio, la matriz en que vendría a moldearse el SIDA.

En lo que sí hubo una responsabilidad innegable de las políticas públicas es en la continuidad de estos criterios y prácticas. Se mantuvo a pesar del fracaso manifiesto en los objetivos básicos que debiera tener su accionar: prevención del contagio, promoción de una convivencia plena con las personas que viven con VIH, optimización de la calidad y esperanza de vida de las personas que viven con VIH.

En Argentina, el programa sobre sida no es una Programa de Prevención del contagio por VIH y Promoción de la salud de las Personas que viven con VIH, es un Programa de Lucha Contra el Retrovirus del Humano y SIDA, lo mismo sucede con la Ley: Contra el SIDA, no a favor de quienes conviven con él. Por lo demás, a cualquiera que lea esta Ley le surge rápidamente una evidencia.todas las cuestiones sobre las que legisla ya está sobradamente consideradas en otras leyes: el único motivo de su sanción es la necesida de reafirmar derechos que están siendo ignorados en todos los ámbitos pero básicamenbte en el institucional: escuelas que segregan alumnos, reaprticiones que testean a sus trabajadores en forma inconsulta, profesionaloles que no respetan la confidencialidad de su información sobre personas, etc.

La Ley de Obras sociales pone en un mismo plano -y por lo tanto las define de la misma manera frente a la sociedad - a las personas que consumen drogas y las personas que viven con VIH ( a las que sigue nombrando como portadoras o enfermas). En este caso ni se ha tomado en cuenta que el Derecho, en Argentina, pena el consumo de drogas y lo considera un delito, de donde se devendría que la posesión de VIH resultaría equivalente.

Por último, apesar de que ya convivimos con doscientas mil eprsonas viviendo con vih- sida, la enfermadad no ha sido declarada epidemia por las autoridades sanitarias, lo que refuerza la tendencia a la excepcionalidad jurídica.

Estas someras consideraciones, bastan para afirmar que la práctica de violación a los Derechos de las personas que viven con VIH, lejos de resultar ajena a las instituciones que se ocupan de la epidemia, se deriva de las concepciones y prácticas que predominan en estas instituciones, desde donde se trasladan para ser aumentadas y recreadas a los diferentes ámbitos de la sociedad.

Se podría argumentar como excusa el hechio de tatarse de una nueva enfermedad. Pero el desarrollo de criterios expuiestos no fue ajeno a la negación sistemática de las instituciones oficiales a la consulta y acción común con las ONG´s que trabajan en SIDA y las personas que viven con VIH. Sólo desde la defensa de los derechos de las personas que viven con VIH y en el marco de una actividad con la comunidad era posible sustraerse a los atavismos políticos y profesionales que imperan en la actitud oficial frente al SIDA.

Para revertir esta situación es preciso, entonces, que partamos de una realidad instalada:

bullet-En primer lugar, las personas que viven con VIH no gozan, aquí y ahora, de los derechos de todos los ciudadanos. Su intimidad, autonomía y derechos han sido desplazados en pos de un objetivo no explicitado: defender al resto de la sociedad de las personas con VIH, ya que éstas resultarían un peligro. Esta concepción no sólo es perversa al instalar diferencias ante derechos que, se supone, son de todos. Es perversa para el conjunto de la población en la que, a la vez que se promueven prácticas discriminatorias, se siembra la idea de que "portarse bien" no contagia, inhabilitándola para prevenirse de una enfermedad que se esparce por forma de vida cotidiana.
bullet- En segundo lugar, no se trata de dar más o menos información sobre el SIDA. Se necesita deconstruir por completo un dispositivo socioinstitucional perverso, ya que la vigencia de cualquiera de sus componenetes neutraliza cualquier intención de prevenir la transmisión o mejorar la convivencia con las personas afectadas.

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(*)Este artículo se basa en trabajos presentados a las 1as. Jornadas Nacionales de Promoción de Ds. Hs. y SIDA (Bs.As.29/9/95) y en el II Congress on Health, Environment and Culture (Japón, 1995) 

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Última modificación: Lunes, 21 de Junio de 2004